El endeudamiento de las familias argentinas continúa en aumento y ya alcanza a más de la mitad de los hogares, en un contexto donde los ingresos no logran cubrir los gastos básicosSegún un informe reciente, el 56% de las familias recurre al crédito para poder sostener su consumo cotidiano.
El fenómeno no solo refleja un mayor uso del crédito, sino también un cambio en su destinoCada vez más familias se endeudan para cubrir gastos esenciales como alimentos, servicios, alquileres y pagos con tarjeta.
Este escenario marca una diferencia respecto de años anteriores, cuando el financiamiento se utilizaba principalmente para compras puntuales o bienes durables.
La mayoría no llega al día 20
El deterioro del poder adquisitivo se evidencia en otro dato preocupante: gran parte de los hogares no logra completar el mes con sus ingresosIncluso, muchos quedan sin recursos antes del día 20, lo que obliga a recurrir a nuevas deudas o postergar pagos.
Esta dinámica genera un círculo difícil de romper, donde el crédito deja de ser una herramienta puntual y se convierte en un mecanismo permanente para subsistir.
Aumenta la presión financiera
El crecimiento del endeudamiento se da en paralelo a un fuerte aumento de la morosidadLos niveles de incumplimiento en los pagos se triplicaron en el último año y alcanzaron valores que no se veían desde hace más de una década.
Entre las principales causas aparecen la inflación, la caída del salario real y las altas tasas de interés, que encarecen el acceso al financiamiento.
El crédito como “salvavidas”
En este contexto, el crédito —tanto bancario como no bancario— se convirtió en un recurso clave para sostener el consumoSin embargo, especialistas advierten que este mecanismo también incrementa el riesgo de sobreendeudamiento, especialmente en los sectores de menores ingresos.
El avance de billeteras virtuales y préstamos rápidos facilitó el acceso al financiamiento, pero muchas veces con costos elevados que complican la capacidad de pago.
Un problema estructural en crecimiento
La combinación de ingresos debilitados, mayor dependencia del crédito y aumento de la morosidad configura un escenario complejo para las familias.
En este marco, el endeudamiento dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en una práctica extendida, lo que plantea un desafío creciente para la economía doméstica y el sistema financiero en general.
