360 años de Quilmes: la comunidad de los Valles Calchaquíes fue una de las más avanzadas de la región

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Tratándose de una de las civilizaciones más avanzadas en el territorio de América Latina, los Quilmes habitaron el Valle de Santa María al oeste de las sierras de Quilmes, en el noroeste de la provincia de Tucumán y prácticamente en el centro de los Valles Calchaquíes de Argentina

Su ciudad evidencia las huellas del tiempo en el espacio dejando ver la complejidad de aquel mundo construido en función de la vida de un pueblo, su economía, sus lugares privados y públicos, sus sitios sagrados y sus intercambios con otros pueblosSiendo los primeros habitantes de este sitio, tuvieron una alta densidad de población compuesta por 450 mil habitantes antes de la invasión española.

Se consideran a las ciudades formadas sobre los Valles Calchaquíes como las primeras ciudades prehispánicas de la Argentina, ya que comenzaron a desarrollarse desde aproximadamente el siglo XSi bien hoy en día, lo único que queda son sus ruinas, lo cierto es que su historia representa la complejidad de una cultura material y espiritual que tuvo un notable grado de organización social y económica.

Los quilmes construyeron sus viviendas, fortalezas, terrazas de cultivo, represas y canales de irrigación, cementerios y corrales en las laderas del cerro Alto Rey a 1800 m sobre el nivel del marEn 1480, los incas les impusieron su lenguaje por lo que su cultura, dominio y civilización resultaron notablemente influidos por este imperioTambién se construyeron caminos que, gracias a puentes colgantes realizados con cuerdas, permitían conectarse con el resto del imperio incaicoCada camino contaba con una vivienda temporaria de los incas y un lugar de almacenamiento para alimentos y demás provisiones denominada posta o tambo.

Las viviendas eran de morfología rectangular o circular y estaban compuestas por paredes de piedra sin ventanas y techos de paja y barro sin utilizar preparaciones de material o cementoAdosándose cual si fueran celdas en un panal de abejas, estas construcciones tenían un patio-taller central que funcionaba como vivienda y también como lugar de trabajo y almacenamiento para los productos agrícolasA partir de un relleno de piedra y ripio, las paredes dobles y los techos de paja y barro se consolidaban sobre troncos y cañas y le brindaban propiedades aislantes a dichas construcciones permitiendo conservar el calor interior por las noches de invierno y protegiéndolos del calor extremo del verano.

En las laderas del cerro, unas 50 hectáreas de terrazas libres de piedras llamadas andenes de cultivo se apuntalaban y subdividían con muros de piedra (pircas) evitando la erosiónComo la zona se caracteriza por tener un clima árido, era necesario regar artificialmente sus cultivos por lo que acumulaban el agua de los arroyos en represas para luego distribuirla mediante acequias empedradasLa represa principal contenía 7 millones de litros y estaba construida con lajas unidas por una mezcla de barro y ripio finoEl muro de contención de 17 metros de largo había sido pensado con el fin de soportar el aumento de presión con la profundidad, por lo que contaba con un grosor de un metro en la parte superior y tres metros hacia su parte inferior.

Ascendiendo hasta media altura del cerro, una serie de grandes muros escalonados componían una construcción monumental donde residían las autoridades divinasEstos muros presentaban piedras blancas intercaladas entre las tradicionales grises que reproducían las figuras de camélidos y serpientes rindiendo una especie de homenaje o cultoLos camélidos constituían su principal fuente de alimentos y materias primas mientras que las serpientes simbolizaban el rayo, precursor de la lluvia que posibilitaba los cultivos.

Los indígenas quilmes adoraban a varios fenómenos naturales entre los cuales se encontraba el Sol, que era considerado fuente de toda energía y también la Pachamama o Mama Pacha como único símbolo de la madre tierraA esta última le brindaban rituales en ceremonias agrícolas y ganaderas, creencias que hoy en día se sostienen en Perú, Chile, Ecuador, Bolivia y el norte argentino, y le dedicaban en las orillas de los caminos las denominadas apachetasSe trataba de una acumulación de piedras que los viajeros iban depositando para que la diosa los protegiera en su camino.

Agustina Iñiguez (ArchDaily)

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